
BLOQUE logra con este disco uno
de los conceptos progresivos más impresionantes que he escuchado.
En la muy difícil versión en CD que encontré
de este álbum no hay mucha información: Chapa Discos
como etiqueta, nombre de la banda y álbum, producción
de Chapa y BLOQUE, autores de los temas. J. C. GUTIÉRREZ
(1, 8); S. F. RUIZ (2, 6, 7.2, 8.2, 9.2); J. J. RESPUELA
(3, 5); L. M. PASTOR (4, 9); F. MARTÍNEZ (7,
10), + los tiempos de cada tema, fabricante, números de serie,
leyenda de prohibiciones, portada y foto de la banda
Bueno,
es más de lo que muchos discos traen.
Como fin e inicio de una nueva década, "El Hijo del
Alba" me representa un concepto espectacular que en su siguiente
disco "Música para la Libertad", se ve retomado.
He leído de muchos críticos que prefieren este segundo
álbum, sin embargo para mi es un poco como lo que pasó
con el espectacular "The Wall" de PINK
FLOYD: después de ése vino "The Final
Cut", rescatando temas y conceptos que no se utilizaron en
su disco antecesor. Pues esto mismo pasó con "Música
para la Libertad". No es nada malo, pero el disco anterior
es el pecado original.
El álbum inicia con 'Poemas de soledad', pieza instrumental
de atmósferas espaciales creadas con sintetizador y hacia
la mitad del tema, un bombo que simula latidos de corazón
que se desvanecen y abren paso a una exquisita guitarra de sonido
acústico que se acompaña con otros teclados ambientales.
Sigue 'Alquimista soy', el primer tema cantado, que retoma
la esencia tranquila de su preludio pero con añadiduras eléctricas
y rítmicas, mas un sonido a la sinfónica que decoran
un tema más de corte a la balada.
Un tema extraordinario es 'La danza del agua', tema instrumental
que contiene una gama de despliegues exquisitos en compases poco
usuales, que describen las habilidades interpretativas de cada uno
de los músicos y en cada uno de sus instrumentos. Sin duda
alguna, el tema más sobresaliente del concepto total.
'El hijo del alba', como tema central, está inmerso
en un ritmo de balada que te deja descansar del sobresalto que del
tema anterior se originó. Es, sin embargo, una bella muestra
musical que expone líricas sencillas pero eficaces. Luego
llega 'Quimérica laxitud' en un espectro de expresión
más enérgico, rítmico y efectivo hacia una
especie de crítica social que busca la unidad mundial, reforzada
por un diálogo de guitarras que terminan tajantes su reclamo.
Tal vez la parte más espectacular en la obra es 'El silencio
de las esferas'; aquí, los conceptos anteriores se retoman
para ser expuestos en partes individuales y complementarias entre
sí, líricas e instrumentales, siendo entremezcladas
por el cierre organizado de la parte que da su nombre a cada movimiento.
Sonidos épicos, diálogos a guitarra, voz enérgica,
bajo de gran soporte, teclados que armonizan las atmósferas,
batería que indica brotes, constancia rítmica y rupturas
adecuadas. Más de 16 minutos de un sonido progresivo sinfónico
melódico enérgico y cambiante.
Concluyendo, hay que volver a decir que aunque al iniciar el disco
pareciera que no hay mucho que escuchar, conforme avanza se va haciendo
más complejo e interesante. El disco está muy orientado
a la guitarra, pero tiene cambios sorprendentes. Una de sus mejores
características es el cambio de los pulsos, característica
presente en la magnífica obra 'La danza del agua'
sobretodo. El álbum viaja a través de conceptos melódicos,
descansando en una balada rica y explorando y reincidiendo en 'El
silencio de las esferas', una extraordinaria obra que se distribuye
en cinco cortes y ocho movimientos, sumando más de 16 minutos
de representación rica en elementos musicales.
Uno de mis 20 indispensables.
–Alfredo
TAPIA CARRETO. Opinión personal.
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