
El segundo álbum de la banda gaditana CAI, "Noche Abierta", es una de las obras más exquisitas del progresivo español, y por supuesto, también del rock andaluz. Los aspectos progresivos de la música de CAI son afines a los de sus “vecinos” de IMÁN CALIFATO INDEPENDIENTE, aunque se distingue de los mismos por moderar un poco más el acento en lo jazzero y volcar un mayor empeño en explotar y organizar el lirismo de las ideas melódicas – seguramente ello se debe a que la participación vocal del baterista Diego FOPIANI es más recurrente. Pero bueno, una buena dosis de jazz (a lo RETURN TO FOREVER) también hay en este disco, lo cual sirve para mantener la vitalidad peculiar del flamenco a través de la herencia progresiva que CAI recibe de CAMEL, GENESIS, y ahora en menor medida, el PINK FLOYD 73-75. El nivel técnico de los músicos es soberbio, y con ello no me refiero solamente a las geniales texturas, solos y armonías que Sebastián DOMÍNGUEZ crea en sus teclados o a los muy inspirados punteos y adornos de guitarra a cargo de la dupla FERNÁNDEZ MARISCAL - DELGADO (el primero de éstos entró para convertir a CAI en quinteto), sino también a la bien afiatada sección rítmica, tan capaz de hacerse eco de las alusiones y recovecos propios de las melodías como de sostener la columna vertebral de cada tema con firmeza y precisión.
La semi-balada 'Soñé contigo' abre el disco a punta de belleza y majestuosidad: casi se puede palpar la melancolía frustrada del amante soñador, la cual parece materializarse a través de la instrumentación y el canto. El mismo flujo emocional, aunque más medido y sereno (a pesar de que la letra es más triste aun), se reitera en 'Despertar', encarnación misma del quebranto romántico. Las primeras pinceladas de exaltaciones extrovertidas se hacen presentes en el primer instrumental del disco, 'Alegrías de Cai', una pieza con una vibración sumamente coqueta, oportunamente ornamentada por los coloridos de cortinas de sintetizador y campanas – un clásico absoluto del grupo. Una virtud incuestionable de esta pieza en particular es su fluida simbiosis de jazz-rock y sinfonismo en una unidad sonora rica en matices condensados en un encuadre medido. La pieza homónima (otra canción emblemática de CAI) nos muestra un perfecto balance entre lo romántico y lo extrovertido: atención al alucinante interludio de guitarra flamenca, el cual crea un paraje de magia evocadora en medio de los bien estructurados meandros melódicos forjados por la guitarra eléctrica, el piano Fender y el sintetizador. 'Extraña seducción' es una especie de mini-suite [en verdad, pudo haber sido más larga sin mayores problemas] en la cual el grupo explora con particular ahínco su lado de flamenco-fusión, llevando el aura evocativa de los motivos hacia una dimensión fastuosa en varios momentos: El tema se siente un tanto breve cuando aparece el fade-out, pero es innegablemente espectacular. 'La fábula' es una balada etérea cuyo ambiente nuclear se emparienta con la melancolía 'Despertar': lo mejor de este tema, en mi opinión, es el modo en que se conjugan las cortinas cósmicas de teclado con los continuos retazos armados por las guitarras, un paisaje ideal para el relato de la unión imposible entre la luna y el sol. Pero lo mejor del disco está reservado para lo último: el contundente instrumental 'La roca del diablo' es toda una gozada de casi 8 minutos de duración donde se conjugan el misterio del claroscuro y la fastuosidad del rock sinfónico de forma prodigiosa, todo ello usando motivos y orquestaciones que no ocultan su raigambre aflamencada-arábiga. El ambiente de tensión está presente en las sutilezas medio tétricas que se van proyectando mientras avanza el tema, pero no es terror, sino una magia supraterrenal lo que 'La roca del diablo' ofrece al oyente. El clímax final resulta envolvente de tal manera que redondea exitosamente el recurrente aire de misterio del tema.
Bueno, qué más puedo añadir a este comentario, sino que "Noche Abierta" resulta una valiosa joya del progresivo de la Península Ibérica: ante todo, es el pico artístico de CAI.
[Dedico esta reseña a Juan Mellado]
–César Inca MENDOZA, para Manticornio.
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