
Con "Nursery Cryme", su crítico tercer álbum, GENESIS no logró precisamente el empellón comercial que añoraba todavía, pero ciertamente logró dar un paso de gigante en lo artístico. El ingreso de Steve HACKETT sirvió para ampliar el espectro sonoro de las partes guitarreras eléctricas, con esa energía e inteligente sentido de la textura que ya desde entonces exhibía; además, su sensibilidad especial le permitió amoldarse a la exquisitez propiamente genesiana de las secciones acústicas. Como recién llegado, sus aportes compositivos aun eran pocos, pero ciertamente uno puede notar como se apropia de las partes eléctricas y sale al frente con esa magia tan especial. Por su parte, la sección rítmica gana mucho con el swing, versatilidad y precisión de Phil COLLINS, quien sabe establecer un firme soporte para las partes más densas de los temas y manejar la batería con oportuna sutileza en las partes más delicadas. El resultante sentido de seguridad se nota especialmente en el canto de GABRIEL, que adopta de manera mas decidida sus inclinaciones teatrales y se anima a ofrecer una mayor dosis de expresividad. Las composiciones también son más ambiciosas en comparación con las de su muy buen disco previo "Trespass": tal vez se pueda añorar el despliegue de sombría melancolía del disco mencionado, pero teniendo en cuenta el empeño y el excelente afiatamiento de la banda en este punto de su carrera, así como la riqueza sonora del nuevo material, podemos decir que "Nursery Cryme" es, en general, un disco mejor logrado. Finalmente, tras unos meses, Italia y un par mas de países del continente europeo le darán un apropiado reconocimiento comercial al disco, lo cual sería un efectivo e inesperado estímulo para GABRIEL y cía., que aun pugnaban por hacerse de un sitial dentro del mercado anglosajón y norteamericano.
‘The musical box’ es uno de los temas más definitorios del GENESIS clásico, abriendo el disco con su fastuoso dramatismo, cambios ingeniosos de motivos melódicos, ambientes y ritmos, y esa magnífica conclusión sinfónica a lo BEETHOVEN. Una mención especial debe ir para los respectivos solos de guitarra de HACKETT y de piano eléctrico RMI de BANKS, los cuales lideran los pasajes más fuertes de la pieza. Tras una breve balada acústica ‘For absent friends’, donde COLLINS empieza a hacer sus pinitos como primer vocalista en un dueto con GABRIEL, sigue otro tema llamativo, ‘The return of the giant hogweed’, elaborado sobre claves barrocas y con un sonido que tantea entre el rock duro y el jazz rock. El solo de guitarra de HACKETT, filtrado elegantemente sobre la base de arpegios al piano, es una muestra fidedigna de su peculiar inventiva; el segmento final, marcado por abrumadoras cortinas de mellotron y extraños riffs de guitarra, resulta a la vez tétrico y juguetón. Al igual que en el caso de ‘The musical box’, tenemos aquí un ejemplo perfecto de la interacción compacta entre los cinco miembros del grupo con un COLLINS que sabe llevar su soporte rítmico con enorme desenvolvimiento.
La apertura del lado B del vinilo cambia radicalmente las cosas con la balada sinfónica ‘Seven stones’, donde el órgano y el mellotron de BANKS asumen el protagonismo mientras GABRIEL se desgañita con su desolado canto a las fatalidades e imprevisibles de la existencia humana: un número hermoso y sumamente conmovedor, convenientemente sellado por las envolventes cortinas de mellotron que enarbolan el motivo de cierre. Dos temas breves vienen a añadir más variedad al asunto. Uno de ellos es el farsesco ‘Harold the barrel’, un tema que mezcla el swing del cabaret decadente de la Belle Epoque y la simpática trivialidad de las comedias mudas. El segundo es el bucólico ‘Harlequin’, que ahonda en el aura contemplativa de ‘For absent friends’ pero incorporando efectivos adornos como arpegios de órgano (con efectos etéreos al modo de un armonio) y retazos de guitarra eléctrica que florecen con un candor efímero. El disco se completa con el tercer y último tema épico del disco, ‘The fountain of Salmacis’, otro clásico del viejo GENESIS que rivaliza seriamente con ‘The musical box’ en términos de dramatismo, complejidad e ingenio compositivo. El exquisito manejo orquestal de los teclados, los siempre ingeniosos punteos, texturas y solos de guitarra, la fluidez y fuerza de la sección rítmica a través de los variados patrones que se van sucediendo y la efectiva labor vocal liderada por GABRIEL, todos estos ingredientes se integran con un esplendor grandioso e impactante. Un disco como "Nursery Cryme", destinado a ser sumamente para la maduración del rock progresivo sinfónico como género, ciertamente merecía un cierre de este calibre. GENESIS anuncia de este modo su arribo al frente de las puertas de la madurez estilística.
–César Inca MENDOZA, para Manticornio.
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