
Este disco representa, en esencia, todo lo que debe de ser un buen disco
de rock progresivo. No sólo uno de mis 100 favoritos, sino uno
de mis 10 indispensables.
PFM logra con este clásico reunir
los elementos que se necesitan para explicarle a alguien que no conoce
el género, lo que el buen progresivo debe de ser: una obra majestuosa,
culta, con rupturas inteligentes, emotividades encontradas, una obra con
introducción, concepto y fin, coronada con la más bella
y dulce canción. Que sea capaz de conmover y violentar, emocionar
y deprimir, escuchar y volverla a escuchar. Definitivamente, una de las
mejores 10 obras de rock progresivo que he escuchado en toda mi vida.
|