
"Hemispheres" es el segundo disco de la segunda etapa
de RUSH, descrita como la más
netamente progresiva de su extensa y variopinta carrera. Habiendo
iniciado su periplo musical a la sombra de las influencias heredadas
de LED ZEPPELIN y CREAM, ya desde su segundo disco,
con la entrada de PEART, los elementos sinfónicos
fueron entrando notoriamente para enriquecer su estilo y forjar
un progresivo de corte pesado. En su cuarto disco "2112"
ya estaba presente toda la pompa sinfónica en forma de avalancha,
pero fue a partir del año 1977, con "A Farewell To Kings"
que el toque sinfónico adquiriría carnet de madurez.
Se iniciaba así la etapa más colorida y ambiciosa
de este trío canadiense.
"Hemispheres" me gusta más que el anterior por
el nivel óptimo de composición y arreglos que se destilan
por cada poro de cada tema, y además se nota un trabajo más
redondo tanto de ejecución instrumental como de conceptos
musicales globales que en "A Farewell To Kings", aunque
básicamente se trata de una continuación por la misma
senda estilística. Alex LIFESON empieza a dar mayor
rienda a su variedad de registros en las guitarras eléctricas
y acústicas, Geddy
LEE hace que su bajo suene más fuerte que nunca mientras
sigue investigando en el Mini-Moog y los entonces nuevos sintetizadores
Oberheim, mientras que el maestro Neil PEART sigue haciendo
ejercicios inteligentes de fuerza, versatilidad y colorido en la
batería y percusiones varias, ejercicios inteligentes de
fuerza, versatilidad y color.
El lado A del vinilo es ocupado íntegramente por la segunda
parte del concepto de Cygnus X-I (iniciado por el tema del
mismo título que da cierre final al "Farewell
"),
una suite de seis secciones que da título al disco. Dicha
suite se centra en la cuestión del conflicto y complementariedad
entre la razón y el corazón en el espíritu
integral humano. El eco del gong en reversa inicia los primeros
golpes de guitarra/bajo/batería, con un Prologue que anuncia
ciertas porciones de las siguientes cuatro secciones. Apollo
y Dionysus se apoyan en una misma línea melódica
bastante atractiva e interpretada con destreza, precisión
y pasión metálica: el solo de LIFESON en el
intermedio, excelso. A continuación, Armageddon se
apoya sobre un contundente compás marcial "casi wagneriano",
hasta que los distantes acordes de guitarra (retomados de Cygnus
X-I) dan inicio a una lánguida y casi mística
cortina de teclados: Cygnus sale de las penumbras y los dioses
lo designan como el encargado de deshacer los entuertos post-apocalípticos
producto de la intransigente conflagración entre las huestes
de la razón y las del corazón. Tras un reprise conclusivo,
el golpe de gong concluye con un alucinante eco, el cual anuncia
el verdadero final de la suite: The Sphere, una hermosa balada
de 1 minuto de duración, cuya letra es un sobrio elogio del
ideal de la complementación perfecta entre la razón
y el corazón una joyita sutil por sí sola.
El lado B comienza con Circumstances, una canción
frontalmente rockera que juega con intrincados compases: atención
a la sección intermedia, con un solo de sintetizador medio
"barroquillo", que sirve de reposo momentáneo frente
a las agudas quejas de LEE sobre la inestabilidad social
en que se encuentra la juventud setentera en la sociedad urbana.
The Trees es uno de los clásicos absolutos de la banda.
Una ingeniosa fábula sobre las paradojas y arbitrariedades
inherentes a toda revolución producida por la confrontación
entre nobles y desposeídos, sus acordes iniciales de guitarra
clásica son de antología, así como la mezcla
de arpegios de guitarra y toques de percusión bajo un elegante
solo de Moog, los medidos elementos de jazz-fusión que se
introducen aquí (luego serán aumentados en el siguiente
tema), y también el solo de guitarra sobre un preciso compás
de 5 8. El disco concluye con broche
de oro: La Villa Strangiato, un verdadero ejercicio de auto-indulgencia,
que hipnotiza al ya entusiasmado oyente con su introducción
pseudo-flamenca, su crescendo ambiental, sus riffs básicos
que se introducen y retoman con total fluidez, su misterioso interludio
arabesco que revela a LIFESON en una de sus cúspides
artísticas, y los varios elementos de jazz-fusión
que se van colando aquí y allá a lo largo de sus más
de 9 minutos y medio de duración.
En conclusión, uno de los discos más brillantes del
progresivo de la segunda mitad de los 70's, y uno de los más
artísticamente compactos de la carrera de RUSH.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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