
STARCASTLE es
una de las bandas que generan más controversia en los e-zines
y foros progresivos, principalmente por causa de su apego notorio
(y hasta excesivo en varias ocasiones) a la influencia de YES.
Esta influencia se hace notar en el manejo de las armonías
vocales, los solos de sintetizador y órgano a cargo de Herb
SCHILDT y los fraseos de bajo creados por Gary STRATER,
así como en el gusto por las composiciones llenas de un sentido
melódico efectivo y entusiasta. Por añadidura, el
timbre vocal de Terry LUTTRELL no puede evitar ser bastante
similar a una cruza entre ANDERSON y SQUIRE –definitivamente,
el YES de los años 1971 y 1973 es una referencia poderosamente
gravitante en el sonido y las ideas melódicas de este sexteto
norteamericano. Pero también notamos una simetría
con la oferta musical de otras bandas compatriotas, como son KANSAS
(los contrapuntos de guitarra y teclado en varios de los pasajes
más pomposos) y STYX
(la vibración frontalmente rockera en los duetos guitarreros
más enérgicos): a veces, la onda de STARCASTLE
pasa por un coqueteo con el AOR, pero siempre es la línea
progresiva sinfónica la que delinea la esencia artística
del grupo.
La secuencia de los tres primeros temas sirve para evidenciar tanto
las buenas vibraciones como la destreza de los músicos. Estos
tres números muestran más ingenio en los arreglos
que en las ideas compositivas: en todo caso, puedo destacar los
atractivos duetos de guitarras acústicas en Elliptical
seasons, los mágicos pasajes de sintetizador en
los interludios de Lady of the lake, y los intrincados
juegos rítmicos que maneja la dupla Gary STRATER –
Stephen TASSLER en Forces. Pero es en los
cuatro últimos temas, los cuales ocupan el lado B del vinilo,
donde la tarea compositiva da frutos más valiosos - curiosamente,
de una manera simétrica, me sucede lo mismo con su segundo
disco "Fountains of Light" -. Stargate
es un instrumental majestuoso, dominado por los teclados de Herb
SCHILDT, quien en añadidura a sus trucos inspirados en
WAKEMAN,
implementa algunas texturas electrónicas semejantes a las
creadas por VANGELIS
en sus exploraciones cósmicas de mediados de los 70s. En
realidad, el final de Stargate se engarza con
la entrada de Sunfield, un tema cantado que exhibe
una labor compleja de composición y arreglos, los mismos
que son manejados con destreza y confianza por la banda. El sonido
se vuelve realmente enérgico a estas alturas del partido,
un diagnóstico que se verifica con el siguiente tema To
the fire wind, que tal vez ameritaba una prolongación
mayor que sus 5 minutos de duración a fin de explotar adecuadamente
las ideas melódicas vertidas en él. El álbum
concluye con otro instrumental, Nova, que al
igual que el otro mantiene un tono cósmico, pero esta vez
apoyado en el predominio de la sección percusiva.
En suma, este disco debut homónimo de STARCASTLE
funciona más como un manifiesto de la destreza y entusiasmo
del grupo que como un testimonio de genial creatividad. Con todo,
tal como se confirmará poco después con su siguiente
trabajo, el grupo está ad portas de superar las limitaciones
de esta inicial inmadurez hasta cierto punto. Y digo "hasta
cierto punto" porque la sombra de YES siempre flotó
sobre las mejores obras de STARCASTLE.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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