
De los pocos discos que TANGERINE DREAM
produjo durante su breve fase de clara insercion en el prog-sinfónico,
mi favorito es "Force Majeure", e incluso añado
que se trata de uno de mis predilectos de toda su carrera. Ya alejados
totalmente de la onda sombría y minimalista de sus inicios,
la dupla de Edgar
FROESE y Christopher
FRANKE demostró con este disco que seguían
siendo capaces de evolucionar artísticamente con interesantes
ideas musicales mientras la década de los 80s estaba a la
vuelta de la esquina. "Force Majeure" sigue por la senda
iniciada por "Cyclone", pero
esta vez retomando la línea netamente instrumental, y conservando
al baterista Klaus KRIEGER como músico de apoyo. Los
aportes del cellista Eduard MEYER son también importantes
a la hora de añadir texturas sonoras en varios de los momentos
más relajados de la suite homónima que ocupaba el
lado A del vinilo.
Ya que empezamos a hablar de esta suite de casi 18 minutos y medio
de duración, continuaremos designándolo como un catalogo
ingenioso de secciones diversas, cautivadoras y hermosas, que se
conectan sucesivamente con una fluidez muy natural. Estos pasajes
varían desde la introducción y algunos interludios
de corte espacial hasta otros más marcadamente orquestados,
donde se realzan solos de guitarra y sintetizador bajo las coordenadas
sinfónicas de un PINK
FLOYD de mediados de los 70s, o incluso de sus compatriotas
de ELOY y NOVALIS.
Casi al final aparece un segmento armado sobre la base de una melodía
de corte folk ejecutada muy a lo KRAFTWERK
(sintetizadores y batería electronica), creando así
una amalgama simpática donde se funden el calor ingenuo de
lo bucólico y el armazón electrónico de la
tecnología industrial. Resumiendo, Force Majeure
es una suite a la vez diversa y bien integrada como una unidad:
no tiene pierde.
Los otros dos temas que vienen después, aunque no llegan
a hacer olvidar esta suite, también cuentan con indudables
méritos artisticos. Cloudburst Flight
es algo así como una cruza de Wish You Were Here
(PF) y Moon Madness (CAMEL),
donde se enfatiza el factor melódico sin dejar que las expansiones
del solo de guitarra y las cortinas de teclado se extiendan demasiado;
tal vez el tema pudo ser más largo, pues personalmente encuentro
anti-climático el hecho de que el fade-out entre para cortar
el hermoso solo de Mini Moog que estaba recién desarrollándose.
En todo caso, resulta de todas maneras un tema muy bonito y evocativo.
Las cosas se ponen más épicas e intensas con el tema
de cierre Thru Metamorphic Rocks, el mismo que
consta de dos secciones bien diferenciadas: la primera abre una
senda muy semejante a la del tema anterior, aunque con un poco más
de punche, mientras que la segunda nos remite a los tiempos de la
etapa 75-77, con una furiosa secuencia sintetizada que marca el
compás y la base armónica para un agresivo despliegue
de cortinas y efectos de sintetizadores. A diferencia del caso de
las conexiones establecidas en la suite de homónima, aquí
no hay una transición fluida sino un viraje abrupto, que
según cuentan los anales históricos de TD,
se debió básicamente a un error producido en las consolas
de mezcla: ante esta situación, FROESE y FRANKE
decidieron tomarlo como un accidente afortunado y reelaborar el
esquema inicial del tema a partir de este contraste no planeado.
El despliegue de energía e inventiva expuesto en este tema
lo convierte en un oportuno cierre de un disco hermoso y fastuoso,
que en buena parte anuncia la apuesta por la definición melódica
que habrá de marcar los mejores discos de la emergente era
SCHMOELLING (80-85)..., pero ésa es otra historia.
"Force Majeure" es una joya del progresivo germano, y
punto.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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