
Con su segundo disco, VAN
DER GRAAF GENERATOR se benefició de dos nuevos ingresos:
el del nuevo bajista Nick POTTER, quien ayudó a reforzar
y darle más dinamismo a la sección rítmica,
y sobre todo, el del vientista David JACKSON, cuya sensibilidad
jazzera y visión musical psicodélica lo llevarían
a erigirse en una pieza fundamental dentro del sonido VDGG.
Mientras tanto, BANTON y EVANS ya se sienten más
sueltos dentro del formato del grupo, mientras Peter
HAMMILL iba afilando sus ideas compositivas dándoles
una mayor intensidad, paralela a la densidad intelectual de sus
líricas y las evocaciones alucinadas-o-melancólicas-o-desgarradas
vertidas en su canto. El ingenio de JACKSON le permite lucirse
de forma exquisita en sus partes de flauta en los momentos más
candorosos del disco (Refugees y Out
of my books), en adición a sus habituales vendavales
múltiples y explosivos solos de saxo, mientras que BANTON
explora a fondo sus gustos góticos en los órganos
Hammond y Farfisa (¿es eso un órgano en llamas lo que
suena en la base armónica de la coda de White hammer?).
Si bien la real madurez estilística de VDGG recién
se verá plasmada en su siguiente disco ("H to He"),
no cabe duda que en este trabajo ya se nota la existencia de un
sello propio bien definido y bien encauzado.
El opresivo número de entrada Darkness (11/11)
es un aterrador manifiesto existencialista en el cual HAMMILL
se empecina a afirmar la vida mientras muestra su terror a la muerte
y al sinsentido: esta pieza, a pesar de estar articulada sobre un
compás lento, resulta escalofriantemente intensa. Luego sigue
Refugees, el cual se centra sobre un motivo central
bastante lírico que destila una belleza intimista. Los arreglos
adicionales de violonchelos sirven para acentuar las orquestaciones
básicas de órgano y las florituras de flauta y saxo
– es una de las piezas más bellas de la historia de
VDGG. White hammer se erige como la canción
más violenta del disco: retomando la energía del tema
de apertura, aquí las cosas son llevadas a un nivel más
frenético. Usando como pretexto la historia de la Inquisición
del Medioevo Tardío, HAMMILL destila sus serios reparos
contra los dogmatismos institucionales con tono serio. La sección
final destaca como una tormenta apabullante, donde el órgano
distorsionado se erige como una inmensa nube gris que inunda la
totalidad del cielo, y el saxo grita como si estuviera poseído
por una desesperación letalmente infernal: POTTER
y EVANS deben emplear el 101 % de sus fuerzas combinadas
para sostener sólidamente este vendaval sónico...
¡y lo logran! El lado B del vinilo se iniciaba con Whatever
would have Robert said?, cuya letra es tan críptica
que el mismo HAMMILL confiesa en entrevistas recientes que
no recuerda a qué asunto se refiere. Lo que sí parece
claro es que hay un aire de ironía en el canto de HAMMILL,
y que este tema irradia un aura de desparpajo que nos remite simultáneamente
a la faceta jazzera del primer KING CRIMSON y al trabajo
sesentero de Bob DYLAN – una vez más, hay que
destacar un solo de saxo realmente espectacular, aunque con una
fuerza más medida. Out of my book es básicamente
un interludio bucólico que funciona como ocasión para
una relajada introspección – esta pieza es la única
emparentada con la línea general del disco debut. After
the flood es la canción más extensa del
disco, con sus más de 11 minutos de duración. Su ambiciosa
estructura ayuda a integrar una rica variedad de registros jazzeros,
psicodélicos, experimentales y bucólicos, pero al
fin y al cabo, carece de un nivel de cohesión totalmente
satisfactorio: supongo que es en momentos como éstos donde
se puede advertir la momentánea inmadurez de una genialidad
aun en ciernes. De todos modos, se trata de un excelente cierre
– el bajista POTTER se hizo cargo del solo de guitarra
en su sección final.
En suma, tenemos aquí un gran disco: "The Least We
Can Do..." es el testimonio del inicio del florecimiento de
una fuerza telúrica progresiva sin par – la de VAN
DER GRAAF GENERATOR.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
|